lunes, 29 de agosto de 2016

MI EQUIPO FOTOGRAFICO

Una de las preguntas recurrentes que recibo se relaciona con el equipo fotográfico que uso. Muchas personas creen que una marca determinada define la calidad del trabajo y que a su vez puede ser el factor milagroso para lograr imágenes dignas de admiración. Esta es una presunción bastante subjetiva y algo alejada de la realidad… Sin embargo, es bueno reconocer, en cierta manera, que las marcas bien posicionadas en el mercado mundial son el referente obligado para los que practicamos la fotografía como afición o profesión. No soy de esos que defienden “a capa y espada” una marca en particular; primero porque no soy agente publicitario y segundo porque no creo que mi opinión sea lo suficientemente influyente como para afectar el posicionamiento o el estatus de una marca por encima de otra. No recibo patrocinios así que no me siento motivado a hacer publicidad gratuita. Confieso que he usado diferentes marcas a lo largo de mi trayectoria fotográfica y todas tienen puntos a favor y en contra. Al final la fotografía de calidad la define más la habilidad del fotógrafo y su grado de pasión y sensibilidad en el desarrollo de esta manifestación artística.

De las cámaras analógicas recuerdo haber usado hace mucho tiempo las marcas Pentax, Minolta y Kodak y durante mi etapa con la fotografía digital he usado Sony, Canon, Olympus y Nikon. Todas son buenas marcas, así que no voy a parcializarme de manera desmedida. Mi opinión con respecto a las marcas obedece a una percepción muy personal (según el tipo de fotografía que desarrollo) y en ningún momento procuro abrir algún debate con aquellos que se autoproclaman defensores de una marca particular, ya sea por pasión, preferencias o intereses económicos.

Comencé formalmente mi aventura en el mundo de la fotografía digital con una Sony Cyber-shot muy básica y admito que para lo esencial era una cámara bastante buena. Al menos me permitía captar imágenes sin mayor esfuerzo y me sirvió de motivación para aspirar a una cámara con mayores prestaciones. Luego entré en el mundo de las cámaras DSLR con una Canon Eos Rebel la cual me permitía el intercambio de lentes y contaba con funciones semiprofesionales. Fue una cámara buena para experimentar sobre todo con los enfoques y las profundidades de campo que tanto atraen en la fotografía. Algo que me gustó era la calidad de las imágenes, muy nítidas y que no se pixelaban casi al ampliarlas de tamaño. Lo que no me terminó de convencer mucho fue la calidad de los colores… los verdes no resultaban tan brillantes y eso es algo que se aprecia en la fotografía de naturaleza cuando se está en el trópico y predominan los tonos esmeraldas. Otro detalles era que aunque la cámara tenía una apariencia robusta y resistente terminó siendo mala en su sistema interno ya que al poco tiempo de uso se dañó inesperadamente a pesar de no recibir alguna manipulación amenazante. El precio de la reparación resultó casi equivalente al valor original del equipo… ¡un verdadero absurdo! Y aunque lo asumí ese percance frustrante marcó el terminó de mi vinculación con la marca Canon. Punto a favor: la calidad de las imágenes, punto en contra: muy mal control de calidad en cuanto a la fabricación de ese modelo.

Seguidamente opté por la marca Olympus y esta vez fue cuando pude sentirme más conforme. Tuve dos modelos de esta marca (E-410 y E-510) y varios lentes intercambiables (Zuiko 4-42mm f/3.5-5.6, Zuiko 40-150mm f/4.0-5.6 y Zuiko 70-300 mm f/4.0-5.6). La calidad de las imágenes era muy buena, los colores muy brillantes y vivos, la óptica excelente (sobre todo por la relación precio-calidad) y las cámaras resultaron ser muy versátiles en sus funciones manuales y automáticas con un excelente software y sensor. El único punto negativo era la fragilidad del cuerpo de la cámara por ser casi todo de plástico y otro detalle que pude experimentar era que al ser expuesto a temperaturas muy bajas en las cumbres montañosas andinas la cámara simplemente dejaba de trabajar. Esto para quien está en Los Andes es una gran limitación. La cámara no respondía bien a condiciones de poca luminosidad y el flash incorporado proyectaba casi siempre una sombra cuando se fotografiaban detalles a corta distancia o con macro.

Aunque me sentía a gusto con la marca Olympus, principalmente por la calidad de las imágenes así como por sus excelentes lentes intercambiables, llegó un momento en que consideré aspirar de mayores prestaciones. Fue así como luego de evaluar varias opciones me decidí por entrar en el mundo Nikon. Adquirí el modelo D7000 con los lentes AF-S DX NIKKOR 18-140mm f/3.5-5.6G ED VR y AF Zoom-Nikkor 70-300 mm f/4-5.6G y aunque llevo poco tiempo usándola me siento bastante satisfecho. La cámara es muy resistente, tiene una gran cantidad de funciones, la calidad de las imágenes es excelente y apunta a lo profesional. Aun estoy en la etapa de reconocimiento del equipo ya que obviamente es más complejo que los que había tenido… es como quien estuvo acostumbrado a manejar un auto automático y cambia por uno sincrónico. Estoy experimentando y reconociendo que Nikon no se ha ganado su prestigio en la comunidad de fotógrafos por mera publicidad… es una gran marca que sabe orientar sus productos a los múltiples intereses y eso se agradece cuando se busca los mejores resultados.

Ya para terminar esa reseña, muchos se preguntaran también cómo llevo mi equipo fotográfico al campo, pues bien, eso lo hago en un morral Lowepro Pro Runner 200 AW, diseñado especialmente para albergar este tipo de equipos. Uso un trípode Vivitar, muy sencillo. En la cámara grabo los archivos de foto y video en memorias SanDisk Extreme con capacidad de 32 GB UHS-I/U3 SDXC up to 60 MB/s. Tomo las fotos en formato RAW (y ocasionalmente con respaldos en alta calidad en formato JPG) y las  proceso con el software Adobe Photoshop y Adobe Photoshop Lightroom. Cuando ofrezco mis fotos con fines editoriales impresos las entrego en formato TIFF, con perfil de color CMYK y a 300 dpi, eso garantiza una calidad óptima. Cuando los usos son en plataformas digitales generalmente los archivos son en jpg y a resoluciones variables entre 72 y 300 dpi. Todos los usos permitidos van respaldados con un contrato de licencia y la firma de mi autoría lo cual certifica que la imagen adquirida es un duplicado fiel del archivo original y que cuenta con un aval amparado en la ley de derecho de autor.

No puedo recomendar una marca particular de cámara para quien sienta interés por desarrollar esta actividad artística. Como todo en este mundo, es relativo y obedece a intereses y fines muy particulares. 

El trabajo fotográfico de calidad exige y demanda una gran inversión de dinero, tiempo, conocimiento, capacitación técnica y profesional, pasión y autenticidad. Cuando se adquiere una imagen original siempre se está avalando un trabajo logrado con esfuerzo y sentido artístico. La fotografía es una forma de arte… es más de lo que puede captarse con la mirada.  








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